lunes, 9 de octubre de 2017

Cómo seleccionar un buen libro académico.

Este verano colgué en Facebook una noticia criticando un libro que, como me dijo alguien en un comentario acertadamente, no había leído. ¿Es necesario leer un libro para poder criticarlo? Comenzaremos diciendo que, desgraciadamente, somos finitos y que por tanto nuestras lecturas también lo son.
Interior de la Librería Lé
De igual manera, nuestra capacidad de lectura es inversamente proporcional a nuestra edad. Excepciones habrá, pero por lo general con 20 años tienes todo el tiempo del mundo para leer y con la edad las obligaciones van haciendo mella de manera seria en tu tiempo de lectura. Además, cada vez te vas haciendo un lector más exigente y tu dinero tampoco es ilimitado. Se hace imprescindible desarrollar un olfato exquisito para seleccionar muy bien en qué gastas tus preciados tiempo y dinero. 

Como le dije a nuestro lector de Facebook, de pocas cosas me verán vanagloriarme, como decía Loquillo hablando de temas de alcoba, nunca hay que alardear de nada pues siempre habrá alguien mejor que tú. Para mí es un lema que aplico a todo, pero en cuanto a libros es la excepción que marca la regla.  

Llevo veinte años profesionalmente vinculado al mundo del libro de una manera u otra. Es cuestión de años. Tampoco es necesario, seamos sinceros, tanta experiencia. Cualquier compañero mío del doctorado que apenas llega a los 30 hace lo mismo. Si cuento esto es porque, en esencia, éste blog fue creado para estudiantes de Historia y cuanto antes lo sepáis mejor que mejor. Vamos, que no es el secreto de la Coca Cola. 

Tengamos en cuente que hablamos de libros académicos, en cuestiones literarias depende de gustos y aquí, por supuesto, no entraremos en ello. Vamos al sistema que se tiene cuatro sencillos pasos

Primero, olisquear: Éste lo desarrollaréis con los años. Ya con ver la portada del libro y tocarlo, ojear y olisquear vendrá una primera impresión que, en la mayoría de los casos, se cumple. Pero vamos, éste es con los años, vamos con los siguientes que son más empíricos. 
El gran Umberto Eco,sello de calidad, habla del libro como artefacto. Fuente: Youtube
Segundo, ¿quién es el autor?: Como no los conocemos todos tendremos que ir a la solapa. ¿En qué universidad estudió? ¿Es doctor? ¿Tiene una carrera académica y científica que le avale? ¿Ésta es coherente?. Venga, ejemplos prácticos:    
  • Pepita Pérez: Doctora por Cambridge, especializada en Historia Antigua, ha publicado seis obras sobre Mesopotamia. Vale, mola el título que tienes en tus manos porque trata sobre eso. Tiene una trayectoria cohererente. Esta tipa sabe de lo que habla.   
    Libro origen de la controversia con
     nuestro lector Fuente: Casa del libro
  • Manolo Filemón: Periodista, escribe en la revista Enigmas, colabora en el blog “Qué misterioso es todo” y ha publicado sobre Country, Guerra Civil, musulmanes en la península y ahora nos presenta su obra sobre brujería. Vaya tela…ni acercarse a él.
Tercero, la editorial: ¿Es lo mismo Dacia que BMW? Pues de la misma manera no es lo mismo  Debate, Crítica o Cátedra que Edaf. La editorial ya es un indicativo claro de calidad y línea de trabajo de la misma.

Cuarto, la bibliografía: Piedra de toque fundamental. La bibliografía no es para que el autor nos demuestre lo listo que es, sino para ofrecernos todo el material que ha utilizado como gentileza entre estudiosos para que nosotros podamos contrastar la información. Qué curioso que los malos libros o no tienen bibliografía o te cabe en la servilleta de una cafetería. 

Pues ya lo sabéis todo. Entrad, entrad en una librería y poned mi sistema a prueba. Veréis que no falla. Probad con el libro que originó este post, justo el que tenéis al lado. ¿Cumple con los cuatro sencillos criterios? Vosotros mismos.

Un saludo.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Rogamos que se respeten las reglas gramaticales y ortográficas en los comentarios.

Las faltas de respeto, la publicidad, spam, o cualquier otro comportamiento inadecuado implicarán la eliminación del comentario de manera taxativa.