jueves, 26 de octubre de 2017

La sabiduría es un GRADO: ¿Estudias Historia? ¡Qué bonito! No hay mucho trabajo, ¿verdad?

Artículo-colaboración de Sofía Barrios (@ViridisOculos)

Como estudiante de Historia, no sabría decir la cantidad de veces que he oído esa frase o alguna que se le parezca. Antes de entrar en la universidad, en aquella lejana época en la que en el colegio hablábamos sobre carreras, siempre había alguna compañera (de ciencias) que decía “Pues te vas a morir de hambre” con una sonrisa de superioridad porque claro, ella, como estudiante del itinerario biosanitario, tendría toda la comida que pudiera querer. Alguna, tras semejante afirmación, podía acobardarse y decidir decantarse por alguna carrera “seria” y “con futuro”, como Derecho o ADE. Las que nos manteníamos fuertes en nuestra posición pensábamos que no escucharíamos frases similares en la universidad. Qué equivocadas estábamos… 

Recuerdo perfectamente el primer día de universidad. Uno de los profesores más importantes del departamento nos dio una charla que quizás pretendía ser motivadora (no lo fue) en la que nos decía cómo debíamos considerarnos algo así como la élite de la facultad. A estudiar Historia, decía, solo vienen los mejores. “No es cierto lo que se dice de que no hay apenas trabajo para nosotros. Sin embargo, el que hay no está bien pagado y puede que paséis hambre”. Con esta frase nos quedamos todos atónitos. ¿Qué pretende este hombre?, pensábamos. ¿Quiere que nos vayamos? ¿Es una prueba para ver si realmente tenemos vocación? Si el propio profesor nos dice esto, ¿cómo vamos a defender nuestra postura ante aquellos que nos dicen lo mismo fuera? Y, con esa incógnita, el profesor se marchó, todo contento por habernos dejado así. 
Pues empezamos bien...
A lo largo de la carrera, nos hemos encontrado con muchos profesores que no están especialmente de acuerdo con la afirmación del primer profesor: “No le hagáis ni caso. Hay trabajos, algunos incluso bien pagados, pero para llegar a ellos tendréis que ser los mejores”. Esta frase, en vez de consolarme, me provocó angustia. Somos muy pocos en clase: si debemos ser los mejores, lo natural sería que hubiera una competitividad que eliminase por completo el compañerismo. Pues bien, en nuestro caso, esa competitividad está ausente casi por completo. No he visto nunca a ningún compañero que se niegue a pasar sus apuntes, ni a ayudar con trabajos, a pasarlos cuando fuera necesario… Tenemos, incluso, una carpeta compartida en Internet para ir colgando todo lo que pensemos que puede ayudar a los demás. Según he ido comprobando, por experiencia y por hablarlo con algunos profesores, no es un caso habitual. En otros cursos, los alumnos no se ayudan entre ellos; si uno falta, tienen que insistir para que le pasen los apuntes y, a la hora de hacer trabajos en equipo, son lo más innoble que uno pueda imaginar. En ese sentido, me siento muy orgullosa y agradecida de mi clase.
Historiadores en "Modo Berserker".
Pero al margen de todas las clases y lecciones, los profesores, en su mayoría, intentan inculcarnos una idea: la divulgación es el mal. Cada vez que lo escucho, yo, ferviente defensora de la divulgación histórica, me indigno. ¿Por qué es menos válido escribir para las masas que escribir para que me lean unos pocos que ya saben lo que voy a decir? ¿No será mejor llevar la historia a la gente a la que le puede gustar, en un formato amable y entretenido, en vez de aburridos tomos en los que se multiplican los datos sin ningún orden aparente? La eterna discusión. He encontrado, sin embargo, algún profesor esporádico que me anima en mi cruzada. “Necesitamos más historiadores como tú, que estén dispuestos a llevar la historia a la gente corriente”. Y yo, a pesar de tener todo en mi contra, me mantengo firme en mi idea. 
¿Quién no querría ser como Suzannah Lipscomb, o Mary Beard? GOALS. <3
A pesar de que los profesores son, en su mayoría, muy cerrados en muchos sentidos, he de admitir que la mayoría son maravillosos. Creo que en muy pocas carreras se puede encontrar algún docente tan entregado a su trabajo como en Historia. Al ser tan vocacional, si dan clase es porque realmente les gusta. He tenido profesores realmente magníficos, que han conseguido que mis gustos cambien de una época de la historia a otra. Cuando entré en la universidad, mi gran pasión era la Historia Moderna. Al terminar primero, yo quería ser experta en el Imperio Romano. En segundo tuve al mejor profesor que he tenido nunca y que tendré jamás. Es el típico genio desordenado que necesita un esquema para ordenar sus clases, pero no para recordar nada. Una enciclopedia andante que lo sabe todo y lo expresa de tal forma que interesa hasta a los que no les gusta la historia medieval. Es por él, de hecho, que estoy haciendo el TFG de Medieval. En tercero, tuvimos otro profesor muy similar, pero no consiguió llevarme de nuevo a la Historia Moderna. Aquí tenéis una medievalista a la que no se le podrá cambiar de idea gracias a un magnífico profesor.

La docencia es, al fin y al cabo, una de las salidas que más nos recomiendan, debido a que, como somos historiadores, nuestro deber es contar estas historias. A la hora de narrar dichos sucesos, todo historiador se encontrará alguna vez en su vida con un representante de tres grupos bien diferenciados. El primer grupo lo conforman aquellos que pretenden que lo sepas todo por estudiar Historia. Y no. Lo siento. No sé quién fue el tercer monarca de la dinastía Ming y no por ello significa que no haya aprendido nada. El segundo grupo es aquel que cuestiona tus conocimientos y considera que haber estudiado Historia no implica que sepas las cosas y no duda en corregirte o, directamente, decirte que tus datos son falsos. El tercer grupo, sin embargo, lo ocupan aquellas personas que te piden que les lleves a museos o palacios, que te escuchan con atención, que te preguntan y respetan tus conocimientos, igual que se respeta a un estudiante de derecho o de medicina. Como siempre me han dicho, la Historia tiene su parte buena y su parte mala: la mala, que siempre habrá alguien dispuesto a corregirte y la buena, lo gratificante que es tener a alguien escuchando cómo hablas. 

Con todo lo bueno y lo malo, ahora que estoy terminando el grado, me llevo muchas lecciones aprendidas. Una de ellas, la más básica que aprendí en primero, es saber que uno puede escribir a profesionales de la disciplina para pedirles ayuda sobre sus investigaciones, porque estarán encantados de ayudar. Otra, nunca meterse en temas de la Guerra Civil. Si lo haces, te metes en un berenjenal del que no saldrás bien parado, tengas la ideología que tengas. 
La más importante, para mí, es mantener el compañerismo. No importa si hay poco trabajo, si en el fondo estamos compitiendo entre todos. No podemos pisotearnos los unos a los otros, porque vamos a ser compañeros de profesión, en el futuro trabajaremos juntos y será mucho más fácil (y productivo) hacerlo si nuestra relación se basa en el compañerismo. Todo esto me hace no arrepentirme de haber elegido Historia porque, a pesar de tener “pocas salidas” y “no muy bien remuneradas” es tan bonito que me ha sido imposible resistirme.

Artículo-colaboración de Sofía Barrios (@ViridisOculos)

1 comentario :

  1. "Pero al margen de todas las clases y lecciones, los profesores, en su mayoría, intentan inculcarnos una idea: la divulgación es el mal". En esto, los profesores, como todo el mundo, lo que hacen es vender su producto: ellos son investigadores, no simples "divulgadores". Lo que pasa es que aquí fuera, lejos del paraguas de la Facultad (y del sueldo público) las cosas funcionan de otra manera: pongan como se pongan, sus trabajos no los lee ni Dios. No pintan nada en la sociedad, ni en la economía, ni en la política, ni en nada. Ni siquiera tienen "prestigio" laboral o social. Así que creo que tu actitud y tu forma de ver las cosas, "prestigia" y da sentido a una disciplina y una profesión. Luego tendrás que reciclarte pero creo que vas por el buen camino. Ánimo!!!!

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