jueves, 9 de noviembre de 2017

Reseña de: Éboli. Secretos de la vida de Ana de Mendoza

Portada del libro. La Casa del Libro.
Hace unas semanas, nuestro compañero Roberto estuvo hablando sobre la manera de seleccionar un buen libro académico. En la entrada de hoy vamos a realizar una reseña sobre el libro "Éboli. Secretos de la vida de Ana de Mendoza" escrito por Nacho Ares, donde las teorías de Roberto en torno a los malos libros se cumplen una a una.

Lo primero que llama la atención al leer este libro es que ha sido escrito por un autor que es egiptólogo, por lo tanto ya empezamos un poco mal. Como se decía en la entrada que hemos comentado, una de las cosas que es importante saber antes de elegir un libro académico es el autor. 

En este caso, Nacho Ares, se licenció en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid y, aunque tiene numerosos artículos de referencia sobre el tema, me sorprende que pueda escribir un libro sobre Ana de Mendoza, princesa de Éboli, por muy "ebolimaníaco" o "friki de la princesa de Pastrana" (como él se autodenomina) que sea.

Es como si yo, que me estoy especializando en la economía del siglo XVII escribo sobre las pirámides de Egipto, que me encanta el tema. Pues, sinceramente, no lo veo.

El libro está dividido en cuatro partes con un total de seis capítulos más un epílogo y unos apéndices. De las referencias bibliográficas, mejor no hablemos. No porque no sean interesantes, y más sobre este personaje, sino porque el libro apenas tiene dos hojas de información bibliográfica y, todas ellas, secundarias. Cada referencia que hace en el libro de una carta o alguna información de determinados documentos históricos los analiza a través de otros autores, como por ejemplo el de Gaspar Muro (1877), obra de referencia sobre la princesa de Éboli.
Belén Rueda como Ana de Mendoza en la serie de Antena 3 La princesa de Éboli. Fuente; Atresplayer
Una vez visto esto, aún así le di una oportunidad, porque siempre la figura de Ana de Mendoza me había llamado la atención y había visto también la película de La Conjura de El Escorial - la cual no tuvo buenas críticas (lógico y normal)- y la serie de televisión Teresa de Jesús, que también menciona en este ejemplar.

No obstante, mientras pasaba las páginas, más me "tiraba de los pelos" porque estaba lejos de ser un libro académico, bien estructurado y analizado, como yo tenía la esperanza para convertirse en un simple libro divulgativo para los que dicen que "aman la historia" o "tienen curiosidad por ella". No señores, estos libros, están muy bien si quieres para reírte o pasar el rato, pero si de verdad quieres aprender historia por gusto o por dedicación, estos libros no sirven. 

Os pongo un ejemplo de ello, que yo estuve un par de horas pensando en si seguir con el libro o no. En la página 56 de la obra, se habla sobre la característica singular de Ana de Mendoza: la ausencia de uno de sus ojos. Cito:
"Esa mezcla de imagen de pirata del Caribe e ingenuidad forman un todo extraño y terriblemente atractivo que no deja indiferente a nadie que observe con detenimiento cualquiera de sus retratos atribuidos".
¡¿Perdón!?

Fotograma del capítulo 5 de Santa Teresa de Jesús (TVE)
Si realmente quieres ser un poco académico esta serie de cosas no puedes decirlas de verdad. Al igual que suponer hechos que no tienen unas fuentes que lo afirmen, como hace en la página 66 en la que da su opinión sobre si la princesa tuvo alguna enfermedad en su ojo que "con el paso del tiempo empeoró hasta llegar al punto de impedirle la visión por completo y tener, además un aspecto feo, seguramente blanquecino".

Otra de las "bombas" del libro es cuando habla sobre los "amoríos" de la princesa (pp. 79-89) donde se habla de las insinuaciones de si uno de los hijos de Ana de Mendoza, Rodrigo de Silva, fue hijo natural de Felipe II o no y ¡todo porque era rubio! y el resto de sus hermanos no. ¿En serio la única preocupación de saber si de verdad fue esto así es a través de la genética del cabello?

No os destriparé más el libro para que lo leáis si queréis echaros una risas. Cabe preguntarnos porqué ocurre esto actualmente, es decir, porqué vende más un libro divulgativo que uno estrictamente académico y deberíamos replantearnos llegar a un público más amplio, a través de ella pero sin perder las bases académicas y, de esta manera, revalorizar tanto las Humanidades en general como la Historia en particular.

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