martes, 30 de enero de 2018

Caperucita canibal y el lobo pederasta. ¡Cómo ha cambiado el cuento!

O eso al menos es lo que narra la versión francesa del cuento en el siglo XVIII. Pero comencemos por el principio... Como en la versión que todos conocemos, Caperucita es enviada con una cesta de alimentos a casa de la abuelita; el lobo le pregunta a la niña qué camino cogerá para adelantarse a la misma y llegar a la casa de la abuelita antes. Y aquí es donde comienza una versión bastante más dura de lo que estamos acostumbrados.

El lobo llega a casa de la abuelita a la que mata para luego hacerla literalmente filetes y guardar su sangre en una botella. La abuelita/lobo se la ofrece a la niña a la que dice que es carne y vino y ésta se la come sin apercibirse de ello. El lobo desde la cama le dice que se meta con él en la cama, pero antes le irá diciendo a la niña que se quite una por una sus prendas de ropa hasta quedar desnuda. Evidentemente, cuando está desnuda y se mete en la cama el lobo se la come. Quien espere a un cazador, al príncipe encantador o a Batman salvando a a la niña y a la abuela que espere sentado.
Ilustración de Caperucita por Gustavo Doré. Fuente: LetterPile
Os dejo unos segundos antes de avanzar; releed el cuento. ¿Sangre? ¿Carne? Reminiscencias cristianas claras. ¿Vampíricas? La carga sexual, ¡uf! Se podrían proponer mil interpretaciones cosa que, por otro lado, ya se hizo. Por eso creo que precisamente que estos cuentos han conseguido mantenerse en nuestro imaginario y que se han podido reinterpretar de mil maneras, ya sea en el cine o en la literatura.

¿Para quién estaba escrita la versión "sangrienta" de Caperucita? El mundo infantil que se han encontrado con horror los historiadores está llena de abusos sexuales, palizas, miedo y torturas de todo tipo que, en muchos casos, eran ocultados por mitos y leyendas como la brujería. Si queréis saber más sobre éste último aspecto os aconsejo el trabajo de María Tausiet en «Brujería y metáfora. El infanticidio y sus traducciones en Aragón (s. XVI-XVII)».

Como refleja Darnton en su libro de La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, nadie consideraba a los niños como criaturas inocentes ni la infancia como un periodo distinto al de la pubertad o edad adulta. Los niños se ponían a trabajar según podían ponerse en pie y se unían a los trabajadores adultos en la pubertad en interminables jornadas laborales en un mundo de emociones brutales, crudas y reprimidas.
La modelo Sara Stephens interpretando a una bruja muy Caperucita en The Witch de R. Eggers. Fuente: Imgrum
Este brutal mundo, tan alejado del nuestro, explica la enorme crudeza de los cuentos que los folcloristas se aprestaron a recoger a fines del XIX y principios del XX y que nos ponen en contacto con una mayoría ocultada para los historiadores, como lo son las clases populares analfabetas.

Sus cuentos, más que fantasías para escapar de la realidad, se perciben como un programa de supervivencia. Tampoco cabe esperar de ellos sermón o moraleja alguna, sino una constante advertencia sobre los numerosos peligros que acechaban a los más pequeños. ¿Qué nos pasaría si hoy contamos a los niños esta versión? Y éste es un ejemplo, cualquier cuento que se os ocurra tiene su versión no apta para menores.

Los cuentos evolucionan con las sociedades y las versiones que tenemos nosotros son fruto de una sociedad burguesa que se comenzaba a interesar, en torno a la Ilustración, por los niños y su educación. Esto tampoco significa que las versiones sean absolutamente inocentes y si no dadle una pensada a la historia de La Bella y la Bestia en torno a qué nos propone.
Caperucita, en primer plano, según la serie Once Upon a time. Luego se fue acercando más a un modelo más clásico, pero es evidente, que Caperucita ha cambiado ¿No os parece? Fuente: Adictos en serie.
Ahora lo ocultamos todo a los niños, solo hay finales felices y los malos siempre pierden. Algún día tendremos que decirles a nuestros hijos que, desgraciadamente, existen lobos que siguen comiéndose a indefensas Caperucitas y que Bella nunca conseguirá cambiar a Bestia porque el amor no todo lo puede. A ver quién es el guapo que le roba la infancia a su hijo. No sé si estamos haciéndoles flaco favor con ello, pero como nuestros predecesores, estamos amoldando los cuentos a nuestro mundo.

Lo que sí que tengo claro es que todo es objeto de estudio por parte de la Historia porque, aunque tú no lo sepas, va contigo y te acompaña. Empiezas un día por leerle cuentos a tu hija y la puñetera te empieza a hacer preguntas incómodas... te interesa el tema y empiezas a investigar, a atar cabos, y cuando menos te lo esperas, ya estás otra vez investigando. 

Un saludo a todos.

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