lunes, 9 de abril de 2018

El día en que me arriesgué a dar un curso de Historia de las mujeres.


Como dice el Gran Wyoming, “a veces cometo fallos para que me confundáis con un semidios” (je,je,je) y uno de ellos fue plantearme hacer un curso de “Historia de las mujeres”. Antes de que me tiréis a los leones, vayamos al principio de todo. El que os escribe, buscándose la vidilla, ha dado clase de todo en todos los sitios donde le han dado oportunidad: centros culturales, asociaciones culturales, academias...

Allí, al no ser educación reglada, lo que busca el alumno no es, evidentemente, un título sino aprender algo que le interese. Por tanto, tienes la obligación de buscar temáticas en la que se genere un interés y, por tanto, un número de alumnos suficiente para que el curso sea viable económicamente. Tengo la manía de tener necesidades que se pagan con dinero.

Todos los que nos hemos dedicado en un momento u otro a esta actividad tenemos claro que, mínimo, el 70% de nuestro alumnado estará conformado por mujeres que tienen un nivel cultural nada desdeñable y que están jubiladas. No me preguntéis por qué es así y dónde están los hombres. Cierto es que el número de hombres varía según la asignatura, pero en el mejor de los casos no superará el 40%.

La gente que va a estas actividades en muchos casos también llevan años apuntadas a cursos de todo tipo y saben de Arte e Historia mucho, muchísimo, lo que como decía te “obliga” a buscar temáticas novedosas. Pues bien, con mi santa ignorancia lo vi claro, “Historia de las mujeres”. Y por favor releed el título; no es “Grandes mujeres en la Historia” o “Grandes reinas de la Historia".

Tengo en casa todos los tomos de Historia de las mujeres coordinada por Duby y Perrot en casa, material de inicio más que de sobra que podría completar con estudios más particulares y actualizados. Tenía claro que en la Historia Antigua poca voz de mujer me podría encontrar, había que apoyarse en Arqueología, Arte y textos escritos casi por completo por hombres sobre las mujeres.

El mayor choque fue constatar la enorme misoginia de griegos y romanos a excepción, cosa que me sorprendió, de la mujer espartana. Otro de los descubrimientos fue la importancia de las mujeres en la expansión del cristianismo; y digo cristianismo porque en cuanto la religión católica se oficializó, la iglesia heredera de los valores de Grecia y Roma, y con ello de su misoginia, apartó a la mujer de la primera línea que ocupaba. 
Historia de las mujeres en Occidente, coordinado por Duby y Perrot. Fuente: Todocolección.net
Con la Edad Media no mejoró mi situación como profesor, lo que es poca cosa comparada con la situación de la mujer en dicho periodo que terminé llamando “la época de las monjas”. Es frustrante hacer un curso de “Historia de las mujeres” sin escuchar su voz salvo, y de ahí el nombre, a las monjas. Es inquietante pensar que en la Edad Media y Moderna la mujer era más libre en la celda de un convento que fuera de ella. Da que pensar. Y sí, está el oasis de “la querella de las mujeres” de Christine de Pizan, pero luego, en casi todos los casos: monjas, monjas y más monjas. Es imposible escuchar otra voz de mujer de manera directa. Solo quedaba acudir a textos, de nuevo, de hombres para hombres y a documentación “colateral” como testamentos y textos similares.

A finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna nos encontramos, por ejemplo, con la corte de Isabel I de Castilla, donde se educaron sus hijas, entre otras, de una manera que asombró a Europa. Algún día hablaremos de ello. En la Edad Moderna, ironías de la vida, encontramos sobre todo la documentación que generó la Inquisición. Por medio de sus actas conocemos la vida de muchas mujeres y de sus defensas podemos sacar conclusiones.

Por eso son tan importantes casos como el de Lucrecia de León. Pero cuidado, son fuentes que debemos manejar con cuidado porque es producida por ellas en una situación de tensión defendiéndose de graves acusaciones y copiadas por hombres. Decir que en ella hablan las mujeres es obviar las autocensuras impuestas, las estrategias defensivas y la interpretación del secretario inquisitorial de las mismas. Cuidado a la hora de utilizarlas.

Portada de la obra más famosa de Christine de Pizan.
Fuente: Casa del Libro
Resumiendo, que llevaba medio curso y aún no habíamos podido escuchar a las mujeres que, o eran alejadas de la escritura por los hombres, o no sabían escribir o destruían lo que escribían para evitarse problemas. Con la Ilustración pudimos contar con un buen número de mujeres ilustradas pero, de nuevo, acabada la “revolución”, se dio las gracias a las mujeres y se les volvió a indicar el camino a sus aposentos. La Ilustración  no se pudo librar de la misoginia imperante. Eso sí, como profesor pude sacar más jugo y, por fin, leer textos de mujeres. ¡Cómo olvidar llegados a este punto a  Mary Wollstonecraft y a su hija Mary Shelley!

Los siglos XIX y XX fueron coser y cantar al contar con documentación de sobra. Dar el curso fue el mejor error que pude cometer ya que conseguí una perspectiva general de la historia de las mujeres. Será al calor de Mayo del 68, del que estamos a punto de celebrar su medio siglo, al que la historiografía se ocupe de las minorías; las mujeres, paradójicamente a pesar de ser una leve mayoría, pertenecen aún desgraciadamente a este grupo. Con ello quiero decir que la historia de las mujeres es una disciplina ya con cierto recorrido, pero joven, comparada con otros campos de estudio de la Historia.

Sobre todo, tiene que llegar a los programas de estudio. Al no hacerlo damos la sensación que los historiadores ignoran a las mujeres. Siempre digo lo mismo, la Historia no es machista, somos los que ejercemos la profesión los que tenemos la obligación de incluir a las mujeres si queremos hacer historia de mayor calidad, que es lo que más me interesa personalmente.

Este es el objetivo, que se incluya entre lo que contamos a los chavales en las aulas, aunque no debemos obviar la realidad de los muchos profesores de primaria y secundaria ahogados con programaciones kafkianas que no les permiten hablar de lo más básico. Aquí no daré solución alguna a algo tan complejo, no soy tan soberbio. Realmente no sabría ni por dónde empezar, pero identificar el problema es la primera parada para comenzar a solucionarlo.

Un saludo a todos.

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